Jimena de la Frontera es un pueblo típico andaluz, pero su enclave está en la frontera del Parque Natural de los Alcornocales, razón de más para visitarle y de paso adentrarse en ese espacio Natural. Pueblo que hay que recorrer con calma, sin agobios ni prisas, no lo aconsejan sus cuestas como en otros muchos casos de vecinos pueblos.
Imprescindible ese tapeo una vez bajado del castillo que nos va a ofrecer una vista que recompensa su subida. En lo del tapeo seré reincidente, posiblemente sea el sitio donde uno contacta mejor con sus gentes, donde se come, el bar con tapas, imprescindible para el viajero por razones varias que en su momento he explicado.
A la vera del pueblo nos encontramos con un río que tiene historia, el Hozgarganta, impredecible según época y sus lluvias, pero que en sus diferentes versiones se ha de ver. Río que por allá lejos, unos cuantos miles de años atrás lo navegaban hombres que habitaban estos parajes.
Vamos a dejar Jimena para adentrarnos por el Parque camino de Ubrique, una carretera de 56 kilómetros sin ningún núcleo de población, si acaso algún que otro cortijo perdido en la espesura del bosque de alcornoques, quejigos y agrupaciones de madroños que si vais en temporada el color de sus frutos os hará detener, como nos detuvimos nosotros para recolectar una pequeña cosecha.
A mitad de camino se desemboca en la carretera que va de Alcalá de los Gazules a Ubrique, tiramos hacía la derecha camino de Ubrique. Tanto un lugar como el otro el recorrido es aproximadamente el mismo y el entorno parecido.
Llegamos a Ubrique y aquí esta historia se acaba, sólo decir que el camino os sugiero que lo hagáis a cámara lenta, merece la pena.
De allí nos fuimos al Pinsapar por el Bosque, pero eso será otra historia.
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